LO DE WILLY FOG ME VIENE DE FAMILIA

Siempre he sido un culo inquieto para algunas cosas. Sobre todo para el lugar donde vivir. Mientras vivía con mis padres, cambiamos de casa muchas veces. Aunque de ciudad solo una con ellos. Una vez terminé la carrera, viví en Inglaterra y después en Holanda.  A la vuelta en Valencia y ahora en Madrid. Hasta dentro de un mes, claro, porque ya sabéis que me voy a vivir a Italia.

Yo creo que es la genética: esto de ser gallega hace que el efecto Willy Fog sea acusado. Un ejemplo claro es mi abuelo: nació en Brooklyn, porque sus padres habían emigrado allí.

De las cuatro hermanas, solo una vive en Galicia. Es más, en cuanto yo me vaya, solo una vivirá en España. ¿Despegadas? Para nada. Estamos súper unidas. Y en cuanto tenemos un huequito todas volvemos al nido a pasar unos días juntas. Ya sabes, esto de los vínculos de sangre.

Hablando de genética, mi familia es una de esas llena de emprendedores. Con todo lo que ello implica: éxitos y fracasos. Y por eso de que las generaciones nos movemos un poco con efecto rebote hacia lo anterior, yo siempre había dicho que mi sueño era trabajar por cuenta ajena y nunca, pero nunca jamás, trabajar para mí misma. Lo que viene siendo escupir para arriba. Porque ahora mismo lo que quiero es poder decidir y elegir yo sola, y no veo mejor opción para ello que la de emprender.

Y llegado este punto de mi vida me enfrento a las dos cosas a la vez: intento emprender por mi cuenta, y si ya es complicado, me decido a hacerlo a la vez que nos vamos al extranjero. En parte me parece “el más difícil todavía”.  Pero a la vez…a la vez lo veo como una enorme y abierta posibilidad.

Ya no vivimos en la época de mi bisabuelo: volvió cuando se arruinó en el crack del 29, y durante todo el tiempo que estuvo en USA su familia no tuvo más noticia que alguna carta de vez en cuando. Ahora no es así, Internet nos da mil y una posibilidades y nos acerca a todo de una forma impensable hasta hace relativamente poco. Aunque estemos en otro país, estaremos cerca físicamente (2.5 horas de avión) y con internet y las llamadas pues casi igual.

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Y todas estas reflexiones me hacen preguntarme….¿uno nace o se hace? ¿Será que la genética familiar ha hecho acto de presencia?  Quizá simplemente las circunstancias te llevan por uno u otro camino…Sea lo que sea, vamos a disfrutarlo.

Y vosotros ¿qué pensáis? ¿Habéis trabajado por vuestra cuenta en el extranjero? ¿Algún consejo?

¿CONTAR TU IDEA O GUARDARLA PARA TI? That´s the question!!!!

Hace unas semanas fui a evento solidario en Fundaland, organizado por Silvia de cenas adivina, Mónica Diago del Taller de las cosas bonitas y Laura del Club de Malasmadres. Además de ser un evento en el que se compartía solidaridad y todos colaborábamos por una buena causa, tuve la suerte de conocer a otras personas emprendedoras y poner caras.  Fue estupendo.

Una de esas personas fue Marta Simonet. Quizá así no te suene el nombre, pero seguro que si te digo que es quien está tras Mésame mucho, sabes de quien hablo. Es una gran profesional y sabe mucho de lo que habla. Nos hizo una dinámica a las personas que nos animamos a su taller y, entre otras cosas, nos decía lo importante que era contar a los demás nuestras ideas. Las razones, muchas y casi todas positivas. Parece que muchas veces tenemos miedo de contarlas, tememos que alguien “nos robe” esa idea magnífica que hemos tenido. Pero lo cierto es que contarlo aporta mucho:

  • Escuchamos puntos de vista distintos, que vienen muy bien porque muchas veces hemos perdido el norte y la parcialidad de tanto pensar en nuestra idea. No sólo vamos a recibir malas críticas, si no que muchas de ellas serán constructivas. Y con cierta frecuencia pasa que contrastarlas nos da nuevas visiones y nos enfrenta a nuevas posibilidades.
  • Hay opiniones que no nos gustan, pero eso no quiere decir que no sean necesarias. Algunas porque nos ponen frente a realidades en las que no habiamos caído, pero otras porque simplemente nos ayudan a prepararnos para “lo que vendrá”, porque la verdad es que no todos van a ver nuestros proyectos con buenos ojos. Habrá quien opine que es una chorrada, que ya existe y es poco original, o que no le gusta. Bueno, algunas veces tendrán razón, pero otras no.
  • Cuando nos dicen que nuestra idea ya existe, eso no tiene por qué ser definitivo: tú eres una persona concreta, y tu idea la vas a desarrollar tú. Eso ya implica un cambio respecto a esa otra que ya está en marcha, y eres tú quien puede darle ese toque diferente y que suponga el cambio. Nunca se sabe….

En fin, que hay muchas variables, es cierto. Pero yo recuerdo la primera vez que le conté a alguien a quien no conocía lo que quería hacer….lo hice tan mal, que no os imagináis. Empecé fatal, con la sensación de que ni yo misma me lo creía, e iba viendo como la otra persona captaba eso mismo que yo transmitía y empezaba a mirar su reloj…Me hundí en la miseria. Lo pasé muy mal y sólo quería que esa reunión terminase. ¿Fue malo? En el momento sí, pero eso hizo que mi discurso cambiase, que estudiase más a fondo mis argumentos y mi manera de contarlo, y fue esa primera vez, ese primer chasco total, el que me decidió a seguir e intentarlo.

La segunda vez, fue mucho mejor. Es verdad. Pero la respuesta durante esa y posteriores ocasiones fue, con cierta frecuencia algo así como “¡Anda!, es genial, pero si yo fuese tú, haría esto otro….” . Ya….muchas gracias, pero eso no es lo que yo quiero hacer.

Al final, the STONE & the SOUP nace como resultado de un cóctel de todo esto. Un mix de la idea original, las críticas (constructivas) y las sugerencias. Y ya veremos a donde nos lleva… pero yo no desanimo. Creo en lo que pretendo hacer desde aquí, y sigo trabajando por conseguir que en estos cafés mañaneros haya grandes dosis de colaboración, ocasiones para compartir, y momentos para dar a conocer y recomendar proyectos estupendos. Además de contar con la ayuda inestimable de los grandes colaboradores que nos visitan semanalmente.

Y, para que os riáis un rato, os dejo un video que viene muy al hilo de todo esto. Un hombre que comenta en su grupo de amigos una idea que ha tenido. Os sorprenderá la respuesta de sus amigos….jajajajajajaja. Ya me contáis qué opináis y si os ha pasado. Y, de paso, os invito a ofrecer sugerencias sobre contenidos que os gustaría ver aquí próximamente. Son bienvenidas y ya os he guardado un asiento a mi lado.

 

PANGEA O CÓMO CAMBIAR LAS COSAS

Desde hace un par de semanas tengo tarjetas de visita. Son preciosas, y además he sentido la ilusión de la principiante: las recibí y no dejaba de mirarlas con una sonrisa boba. Me parecía que este proyecto era más real por tenerlas. tarjetas.PNG

Entre otras informaciones de contacto, como veis hay tres palabras que no he querido dejar de mencionar:

  • CONTACTOS
  • COLABORACIONES
  • SINERGIAS

Porque estas son las claves de este proyecto. Poner en contacto a gente que quiere colaborar y, así, conseguir que se alcance un objetivo mayor que el que se conseguiría individualmente. Y todo ello aprovechando las ventajas que ofrece una ventana al mundo tan enorme como son las redes sociales.

Este fin de semana estaba pensando que me apetecía hablar sobre esto, y buscaba alguna lectura que me inspirase al respecto. Pero domingo por la mañana y nada…Hasta que me puse a ojear una revista de estas que te regalan con el periódico y lo vi claro. Un artículo sobre algo que se llama CLUB DE PANGEA y que hablaba de una organización creada por jóvenes que quieren cambiar las cosas. Jóvenes de verdad…vaya, pequeños. Porque estamos hablando de personas de entre 16 y 25 años. Ya me pilla un poco mayor, pero me dejó admirada.

Esta generación, que muchos llaman “perdida” o de los “millenials”, a mí me resulta desconocida en gran medida, por lo lejos que la veo de la mía propia. Pero, como en todas las generaciones, surgen personas que se preocupan de buscar una manera de cambiar aquello que no es bueno, o no es justo, y trabajan para ello. #MAKEYOUHAPPEN

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¿QUÉ TIENE QUE VER ESTO CON the STONE & the SOUP? No, yo no soy “tan joven”. De hecho, los participantes en este evento o en Club de Pangea seguramente se dirigirían a mí como “señora”, y a pesar del apelativo, no les guardaría rencor. Pero sí me dan mucha envidia. Porque lo tienen claro. Y porque quiero aprender de ellos.

A muchos les puede sonar a idealismo de juventud, pero los grandes impactos, los hitos que de verdad han marcado la historia, estuvieron encabezados por personas que, en determinados momentos, fueron tachadas de locas, idealistas o utópicas. La lección: creer en uno mismo y creer en que es posible. Creer que no existe lo imposible.

Publicaron un libro en el que 7 de estos jóvenes plasmaron sus proyectos, inquietudes e historias inspiradoras, y uno de ellos es Tomás Alvarez Belón. Quizá te suene, es uno de los protagonistas reales de la historia que inspiró la película Lo Imposible. Una de sus enseñanzas o reflexiones tras haber vivido el tsunami, y que le motivan para pertenecer al Club de Pangea es esto que escribe:

Imagina que (….)todas las personas que dejan a un lado sus sueños supiesen que decir “lo haré cuando sea mayor” o “lo haré cuando tenga una mayor estabilidad financiera” puede costarles la felicidad durante toda su vida. 

               Tomás Álvarez Belón- Pangea

Es cierto que siempre nos buscamos excusas, algunas muy reales, pero otras no tanto, para no dar los pasos necesarios para cambiar aquello que no nos gusta. Puede que en este preciso momento no tengamos las herramientas o los medios necesarios para cambiar eso que nos impide dar el paso, pero nadie dijo que fuese fácil. Y, sobre todo, nadie dijo que tengamos que hacerlo solos. 

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Y aquí volvemos al Club de Pangea y a Tomás, porque en su sección del libro nos habla de que no somos tan especiales, o, quizá, es al revés, y nuestra especialidad reside en ver lo especiales y personales que son esos lugares comunes.

“La mayoría de las personas compartimos una serie de dilemas que nos acompañan a medida que tomamos decisiones clave en nuestras vidas. Por ejemplo, todos debemos averiguar cómo equilibrar el ser felices y,  a la vez, ayudar a otras personas para ellas tambiñen lo sean: o también cómo maximizar nuestra libertad individual y, a la vez, participar en un proyecto cohesivo para dejar un mundo mejor”  Tomás Álvarez Belón- Pangea

Esto sería mi sueño: considerar que he triunfado al haber logrado decir “soy feliz”, y esa felicidad sería completa cuando estuviese convencida de haber colaborado a  felicidad de otras personas. ¿Utopía? No lo creo. Creo que es algo real. Y que no se trata de otra cosa que de ser fiel a unos valores.  En el Club de Pangea lo que buscan es hacerlo desde el punto de empoderar a los jóvenes, dándoles fuerza y herramientas para convertirse en los nuevos líderes responsables. Y una de las principales herramientas, en este mundo globalizado en el que vivimos, es internet. La inmediatez y velocidad de las cosas, de las comunicaciones y los vínculos que este fenómeno crea deben verse como algo positivo y, a la vez, como una poderosa herramienta.

En el epílogo, Tomás dice algo que resume unas ideas en las que creo de verdad. Dice así: “Los autores de este libro no compartimos la misma ideología política, económica ni social. De hecho, venimos de mundos completamente diferentes. Si te soy honesto, parte de lo que nos juntó en un principio fue una gran dosis de suerte: coincidimos en en el lugar y el tiempo adecuados: pero de eso trata la vida, ¿no?.”  Tomás Álvarez Belón- Pangea

Y si ellos, “unos niños casi” lo ven así y lo tienen claro, ¿por qué muchos de nosotros tardamos en actuar y lo dejamos para “cuando seamos mayores”? Nunca es tarde. Siempre podemos empezar a buscar nuestro lugar y a trabajar por él, para que sea mejor y pertenezca a un mundo mejor.

En la vida hay que cultivar amistades que, al crearse, produzcan un efecto parecido al de la fusión nuclear: la unión de varios átomos libera cantidades extraordinarias de energía que se pueden cosechar y canalizar para alcanzar objetivos con los que antes ni siquiera se habría soñado”  Tomás Álvarez Belón- Pangea

Yo quiero desde aquí contribuir con mi granito de arena, ser una de las piezas de ese puzzle enorme que podemos hacer ente todos: provocar esa fusión atómica, en la que los átomos seamos los que nos juntamos aquí a diario para tomar café y compartir nuestros proyectos, colaborar entre nosotros para ser felices y contribuir así a la felicidad de otros, crear esas energías que se producen cuando se cultivan amistades en las que la suma es mucho mayor que las partes….eso que se llama sinergia.  

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Y tú, ¿estás preparado también para formar parte de esto?

 

 

 

MI TEORÍA DE LOS PUNTOS

Cuando nos cuentan los proyectos y la gente se presenta, siempre habla de hitos, momentos o acontecimientos que marcan su trayectoria y se convierten en “ESE DIA”. Podemos llamarlos puntos de inflexión, puntos y aparte, puntos seguidos….Pero con frecuencia recurrimos a la idea de puntos.

Y resulta, porque yo lo sé que estoy repasando 5º de Primaria este año, que los puntos son coordenadas de un plano, y que por un punto pasan infinitas rectas y planos. Pero también que dos puntos determinan una única recta.

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No os preocupéis, no se me ha ido la cabeza y no estoy desquiciada a pesar del libro de matemáticas de 5º. Es sólo que, tras hablar con muchas personas, todas estas personas maravillosas que vienen a tomar café con nosotros a diario, me llama la atención ese momento de su historia en la que dicen “entonces me pasó esto y vi la luz“. Esos momentos son sus “puntos”.

Porque sí, es cierto, hay determinados hechos que nos hacen replantearnos las cosas, tomar decisiones, movernos y avanzar. Pero precisamente por eso, porque se trata de avanzar, porque hay un punto inicial y punto final (simplificando mucho y sin querer meterme en discusiones sobre el determinismo o el libre albedrío) llega la segunda parte de la conversación. Aquella en la que nos preguntamos, y nuestros invitados se preguntan, “ si lo hubiese hecho antes, si me hubiese atrevido antes, si….”

No se trata de arrepentirse, pero sí, en cierta forma, es una especie de lamento por el tiempo desaprovechado.  Y a mí también me pasa, también he caído en las garras de los lloriqueos.

Ahora bien, si miro con cierta distancia y frialdad, la realidad es que cada acontecimiento, cada hecho, cada punto, forman parte del camino que he recorrido, de esa linea recta y única por la que transcurre nuestra vida. Y sin esos pasos, esas enseñanzas, fracasos y miedos, seguramente ninguno de nosotros estaría en el punto actual. Ni esos puntos serian puntos de inflexión….¿No os parece?

Así que creo que a cada uno de nosotros nos pasan cosas que, dependiendo del momento vital (personal y profesional) en el que nos encontremos, nos impulsan, aplastan, animan o hacen encoger….Pero son todos puntos de la misma recta que van sumando pasitos hacia el punto final, que yo creo que es ese en el que nos sentimos de verdad satisfechos con lo que tenemos y hacemos.

Nuestra vida y nosotros estamos hechos de infinidad de puntos, unos grandes y otros pequeños que, unidos, nos hacen ser quienes somos. Con nuestros éxitos y fracasos, nuestras decisiones, nuestros miedos y momentos de valentía…pero todos, unos y otros, son parte inseparable de lo que somos.

Mi punto de inflexión mas reciente fue un cúmulo de puntos. Casi una cesta llena: ausencias, sensación de hastío, frustración, ganas de crecer, sensación de estar perdiendo y desaprovechando el tiempo….todo eso existía ya. Había planes para irnos a vivir a otro país en un plazo relativamente corto.  Y de pronto, me di cuenta de que faltaba menos de un año para ser oficialmente mayor. Los 40 acechaban. Ese fue mi punto de inflexión.

Con todo este rollo no quiero decir que tengamos que sentarnos  a esperar, nada más lejos. Si no justo al revés: que no desesperemos, porque si tiene que llegar, llegará, pero hay que trabajarlo. Los cambios son el resultado de un conjunto de vivencias, y tras muchas de ellas, de repente llega ESA. La que te empuja.  Pero eso sí, hay que estar muy atentos a todo lo que nos ocurre, puede que estemos viviendo un punto de inflexión…

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DE SITUACIONES INESPERADAS

Hasta hace 1 año justo, mi vida diaria era fácil de predecir: me levantaba, vestía a los niños y me iba a trabajar a la empresa en la que estuve los últimos 4 años. Entre las 6 y las 7 de la tarde llegaba a casa. Y empezaba la juerga: baños, cenas, jugar, deberes si había, preparar la ropa del día siguiente, hacer listas interminables de cosas pendientes, dejar hecha la comida del cole del día , acostarlos. A las 10, si no había sorpresas, un ratito de tele y a dejarme morir en el sofá, o directamente a la cama. Y siempre con el run run en la cabeza de “no me da la vida”, “mamá, mañana hay excursión y no tengo la gorra roja”, ” ¿por qué nunca vienes a buscarnos”?…y so on. Sumado a todo esto el que durante la mitad del año pasado, el padre de las criaturas, parte esencial de este puzzle, sólo venía a casa 1 de cada 3 fines de semana.

Eso junto con domingos de ansia pura, de continuo Sunday Night Blues, hacían que mi tiempo estuviese absolutamente estructurado, repartido, arañado y percibido como malgastado.

Hace 1 año justo mi vida dió un vuelco y decidí tomar las riendas. Ser yo la que decidía, y plantearlo de otra forma.

Hace 1 año justo que no trabajo para otros. Que no hay domingos de pesadillas, agobios por no llegar a todo lo que quería. No había culpa por no ir al cole. Ni malestar por esa excursión a la que otros padres iban y yo no. Mucha más libertad.

Todo pintaba estupendo: por fin puedo organizarme mejor y buscar mi yo. Y ese yo, esa nueva forma de intentar las cosas, lo haría disfrutando más de todo. Y permitiendo que disfrutasen más de mi mejor yo. Haría algo que me gustase, con lo que estaría mucho más feliz, y podría compaginarlo con mi vida familiar sin tantas cortapisas.

Me río de Janeiro……

Todo empezó con caras de sorpresa: “¡¿En serio que no tienes trabajo?!, entonces, ¿Somos pobres?” Explicación, y todo resuelto. Ánimos calmados. Vieron la parte positiva (mamá puede estar más con nosotros, y está mucho más contenta. Ahora todo es más relajado) hasta que llegó ella, la SITUACIÓN INESPERADA I.

Estábamos los 5 cenando, y mi marido y yo comentamos que al día siguiente hay que llevar a uno de ellos a una cita médica (sin importancia). Marido que dice “yo puedo salir antes sin problemas y los acerco, y así tú vas a ese taller que te interesa y en el que has quedado para explicar tu proyecto”. Respuesta inmediata casi de hijo mayor (casi 11 años): “Yo no me quiero meter, pero si mamá total no hace nada, y lo que hace papá es súper importante, sería mejor que nos llevase mamá”. Estupor por mi parte, cabreo e indignación por parte de su padre. Explicación ulterior.

Vale, parece resuelto.

SITUACIÓN INESPERADA II: “Mamá, hoy en el colegio hemos hablado de las ONG. Yo he explicado que llevas 1 mes yendo a diario a la ONG XXX para no aburrirte, porque te cansas de no hacer nada en casa” (aclaro que yo iba voluntariamente, sí, y ayudaba a organizar un evento de más de mil personas con fecha cerrada)

Ante mi cara descompuesta, corrige y añade rápidamente “Bueno, nada no, quiero decir que haces muchas cosas de la casa, pero eso no es trabajar. Ah, y lo de la web, pero eso es para divertirte”

Mmmm. A ver si me aclaro: de alguna manera, mis hijos perciben que quien no trabaja fuera de casa, no trabaja realmente. Y ese “quien” soy yo. Da igual que ahora pueda dedicarles más tiempo, que disfrutemos más y que estemos todos más relajados.  Da igual que cuando llegan a casa la cena esté hecha, la comida en la mesa, las camas recogidas…no me preguntan como antes qué tal me ha ido el día, porque dan por supuesto que “pues como todos los días, ya sabemos que has hecho todo eso en casa”. (y esto es una respuesta real).

Y así, en menos de 1 año, los 15 anteriores se borraron de un plumazo. Todos mis aparentes “méritos” adquiridos, a la basura. Todo lo que yo había hecho con anterioridad, sacrificios, esfuerzos, dividirme y casi clonarme, por el desagüe. Dan ganas de llorar, ¿eh? Y no penséis que mis hijos son unos consentidos maleducados, al menos no lo eran…Además su padre, parte fundamental del equipazo que somos, es mi mayor apoyo en todo, tema laboral incluido.

Así que, hundida en la miseria, pensando qué tipo de personas estoy educando, que el ejemplo que mi día a día ofrece es negativo, pobre e insuficiente, qué menosprecio tan enorme a la labor no visible de alguien, a un trabajo diario en casa y fuera, decidí darle la vuelta a la tortilla y verlo con cierto optimismo. Deduje que, si mis hijos tienen esa percepción, es porque valoran que una madre trabaje fuera de casa. Que mis años de culpa fueron sólo míos, y que yo solita me los tenía que comer con patatas.

Hasta aquí bien, cierto aprendizaje para ello que veo como algo bueno: son conscientes de que hay que esforzarse y sacrificar cosas para estar juntos y bien.

Y entonces empezaron a repetirse las preguntas de “¿Pero no vas a ir nunca más a una oficina? ¿Vas a estar en casa con el ordenador? Pues yo también quiero, ¿has estado jugando al Clash Royal?

Así que ahora me encuentro en la SITUACIÓN INESPERADA III: hay algo que no hago bien o, mejor dicho, que hago realmente mal, cuando no sé transmitir el valor de mi día a día.

Quizá sea que yo misma no lo valoro. Quizá sea yo la fuente de ese aparente menosprecio.

Esta mañana me hablaban de un fenómeno femenino frecuente: igual que nos flagelamos cuando algo nos sale mal, recriminándonos hasta la saciedad ese error, fallo o falta de acierto, tampoco sabemos aceptar lo que es un éxito. Cuando algo nos sale bien, que es mucho más a menudo de lo que solemos pensar, no damos valor a ese hecho, y nos escudamos muchas veces en “tenía el apoyo de fulanito”, “gracias a las enseñanzas de menganita”, “es algo fácil para mí”….

Así que efectivamente, tengo que cambiar el chip. Porque no hay mayor menosprecio que no dar aprecio, dice el dicho, y si ese aprecio no empieza por nosotros mismos, apaga y vámonos.

Así que sí, yo hago muchas cosas a diario: me encargo de la casa, de la compra, de llevar y recoger a los niños. Estoy dándolo todo por alcanzar mi sueño y poder desarrollar un proyecto que se convierta en una profesión, sentada ante un ordenador, sí, o ante un café. O en una reunión. O ….Pero hago muchas cosas. Termino muy cansada. Y feliz. Y eso vale mucho.

Hace 1 año justo yo vivía diferente. Y espero que de aquí a 1 año más, haya conseguido transmitirles que trabajar es trabajar, con o sin remuneración, dentro o fuera de casa. Y que lo respeten.

Siento la reflexión tan personal, pero es que necesitaba desahogo. Ya sabéis que soy nueva en estas lides…y quizá a algunos de los que leéis esto os pase también, o no….Me encantaría oíros.

Gracias por compartir este café (íntimo) conmigo.

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TENER UN HIJO, PLANTAR UN ÁRBOL Y ESCRIBIR UN POST VIRAL: NOELIA LÓPEZ-CHEDA

Muchos pasamos por momentos en que nos creemos gafados, nada sale bien. Y casi envidiamos a aquellos a los que la fortuna sonríe, como si fuese simple resultado del azar. 

Es cierto que hay cosas inexplicables, una especie de lotería que toca a unos y no a otros. Pero lo que resulta ser sólo suerte es algo efímero, algo no perdurable, que viene, sí, pero también se va. Más que suerte, lo que yo creo que hay son empujones: cuando hay esfuerzo y trabajo de calidad, un empujón hace que todo lo hecho con anterioridad brille. Y ese brillo es el que todos deseamos, que se reconozca nuestro trabajo y se aprecie aquello que intentamos hacer. Que podamos cumplir nuestro sueño.

Una de estas historias de sueños, suertes, empujones y mucho trabajo detrás, es la de Noelia López-Cheda. A mí me inspira ella en su blog, pero es que la conoces en persona y es todavía mucho más. Desprende energía. Espero que a vosotros también os inspire como a mí.

HISTORIAS QUE INSPIRAN

by Noelia López-Cheda 

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QUIÉN SOY Y CÓMO PASÉ DE 0 A 1000….

Me ha pedido Paula que cuente quién soy y qué hago….Quizás algo de lo que yo he vivido, de mi historia, ayude e inspire a alguien como a mí, que me inspiran muchas personas todos los días. Porque si algo tengo claro es que hoy necesitamos historias. A veces un enfoque, una frase o un cambio que hizo una persona, puede abrirnos a nosotros nuevas maneras de hacer las cosas.

Empezaré por la pregunta que me hacen siempre: “¿Qué hace una ingeniera industrial dedicándose a esto?”

Comencé trabajando en la actual Airbus (antes C.A.S.A) y la verdad es que fueron unos meses apasionantes….aviones y el mundillo de los ingenieros puro y duro. Me encantaba. Volví a mi tierra y comencé en empresas técnicas también. Me gustaba lo que hacía pero…faltaba algo y no sabía exactamente qué. Hasta que un día pasó algo que lo cambió todo, me pidieron que diera una formación. “¿YO? Nooo, ¿hablar ante un gran grupo?? NOOO”……por algún motivo son esas cosas a las piensas que no te puedes negar en tu trabajo y te fuerzas a hacerlo. Y lo hice y muchas más veces después, dándome cuenta que me gustaba y mucho (a pesar de pasarlo fatal al principio). Y aunque pasé por alguna empresa más….lo de dar clase se había convertido en algo que quería hacer así que, me lancé. Di clase a jóvenes y tuve un intento de montar la primera empresa de formación experiencial. Aunque finalmente la dejé por temas familiares (mis hijos y su crianza) y debido a que no iba exactamente como esperaba, ahí estuvo siempre esa sensación de querer dedicarte a ello pero de otra manera.

Un hito importante en esos tiempos fue la dificultad de quedarme embarazada de mi segundo hijo que se unió a una situación familiar muy complicada. Yo trabajaba menos y las cosas a nivel laboral se complicaban.

Pero llegó David, en el “peor” momento laboral pero sin duda en el MEJOR momento de nuestra vida después de tres años intentando quedarme embarazada y habiendo casi desistido. Por así decirlo vino a darme una gran lección.

LA VIDA ESCOGE MUCHAS VECES SUS PROPIOS CAMINOS y aunque te gustaría controlar y planificar todo, hay ciertos golpes de humildad que te dan con los que aprendes que a pesar de todo debes confiar y seguir adelante porque las curvas en el camino no significa que no vayas a llegar a la meta.

Comencé finalmente a trabajar en una consultora donde desarrollé mis primeros conocimientos sobre evaluaciones del talento y ampliar mi formación en habilidades directivas, temas que son mi gran pasión hoy. El coaching y todo lo relacionado con el desarrollo de personas, irrumpió de golpe dándome un bagaje y experiencia que me ha servido muchísimo para estar donde estoy ahora. Se unió a una época durísima como madre trabajadora, CERO CONCILIACIÓN, los niños pequeños, pocas horas en casa, mi marido viajando muchísimo….un horror, mucha dificultad pero, que era necesario para salir adelante justo en ese momento. Era lo que necesitábamos y apostamos por el sacrificio que intentábamos llevar como mejor podíamos.

Hacía algo que me encantaba pero en condiciones que no me gustaban nada porque no pasar tiempo con mis hijos me estaba matando.

Y entonces, ocurrió otro hito. Vino un ERE en la consultora y hubo que ponerse las pilas sola de nuevo. Abrí el blog con recomendación de un gran amigo, me grabé vídeos, me moví por las redes y me hice visible…

En una de esas interacciones dije que sí a una conferencia de educación y aSERVICIOS-2-300x233 partir de ese momento entré a trabajar en el sector educativo, parte importante de mi trabajo ahora en colegios y con equipos directivos de centros. Por esa misma época me ofrecieron desde la consultora con la que trabajo ahora formar parte de un proyecto de formación y evaluación del talento con las Universidades Gallegas. Desde entonces sigo con ellos en el sector de habilidades, herramientas de evaluación de alto potencial y proyectos diferentes en empresas con los que disfruto y aprendo cada día. Todo relacionado con el desarrollo de personas.

Y llegó otro HITO, el famoso artículo que dio la vuelta al mundo y me ofreció la oportunidad de escribir mi primer libro. Hacía tiempo que escribía en el blog sobre los dos mundos en los que trabajaba: educación y empresa. Me parecía que se relacionaban perfectamente y lo que trabajo con adultos, se podía trabajar con los niños desde bien temprano, educando en otras cosas además del conocimiento. Así que ese artículo, fue un empuje más. A día de hoy doy muchas charlas y conferencias sobre el libro, sobre temas que trato en el blog y que trabajo también en el mundo de la empresa.

Estoy muy agradecida, a todo, cada día pase lo que pase suele ser día de aprender. De enfrentar nuevos retos (si algo caracteriza a mi trabajo es el dinamismo) y de ayudar a otros a mejorar en su trabajo y en su vida. El camino ha sido muy duro y de mucho trabajo (¿y quién no?) y sigue siéndolo. Pero el factor “pasión” compensa casi todo.

¿Qué caracterizó esa época en la que comenzó a aparecer la “suerte”?

1.- DIJE A TODO QUE SÍ: muchas de las cosas que me ofrecieron no sabía cómo las iba a hacer, ya que o me faltaban algunos conocimientos para sentirme segura, o bien me daba “pavor”. Pero dije que sí, sabía que algo aprendería y debía vencer los miedos.

2.- ESTABA ATERRORIZADA: los primeros proyectos a gran escala, las primeras conferencias con gran público, las entrevistas en televisión, radio….todo me aterrorizaba, recuerdo cómo se aceleraba mi corazón cuando llegaban esos momentos….sin embargo, había algo que me decía “eres afortunada, lánzate”….y lo hacía.

3.- SIEMPRE OPTIMISTA: hubo momentos tan duros, que no quiero recordarlos. La crisis golpeó fuerte y los ánimos no siempre estaban. Pero pensaba que en las dos opciones que tenía, quejarme y echarme a llorar (que lo hice a veces) o seguir adelante con determinación, yo era libre de elegir ya que “no quedaba otra” así que la mayor parte de las veces, era optimista.

4.- APROVECHÉ OPORTUNIDADES QUE PARECÍA QUE NO TENÍAN IMPORTANCIA: no siempre me ofrecieron y me ofrecen cosas “rentables” económicamente pero ahí me dejo llevar por dos cosas para tomar la decisión: las personas con las que me voy a relacionar en ese proyecto y lo que me apasione la temática. Y a día de hoy digo a poco que no…;).

5.- AGRADECÍA TODO LO QUE VENÍA A PESAR DE LA DIFICULTAD: hubo (y hay) momentos en que el ritmo de trabajo no me permite ni respirar pero sentía en ese momento después de lo que habíamos pasado, que tenía que agradecerlo y me sentía con suerte, así que agradecía y agradezco una y otra vez.

6.- Y ALGUNAS COSAS FUERON CASI SUERTE: nadie predijo la viralidad de un post….así que creo, fue algo de suerte sí. 🙂

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Y sólo una reflexión para terminar: yo me considero muy afortunada, una persona con mucha suerte. ¿por qué? No tenéis más que echar un vistazo a toda la gente estupenda, con geniales proyectos, con grandísimas experiencias, que se pasa por aquí a contarnos sus historias y a pedir ayuda o prestarla. ¿Soy o no soy una suertuda?

DE COMO NURIA PÉREZ ME SACÓ DE MI ZONA DE CONFORT

Se habla mucho de salir de la zona de confort. Atrévete, sé valiente, cambia lo que no te gusta, da el paso definitivo… Pero no siempre las circunstancias acompañan, ni siempre tenemos claro hacia donde tirar. La zona de confort es muy variable, y cada uno tenemos la nuestra propia. Además, nos atenazan muchos miedos, y a veces estos mismos se convierten en las más altas barreras para lanzarnos por fin a perseguir nuestros sueños.

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Mis últimos 12 meses han estado plagados de cambios. Yo creo que todos buenos, pero sólo han sido el inicio. Porque se avecinan muchos más….

El primer día de the STONE & the SOUP os contaba una historia cualquiera que puede hacerse realidad. Me encantó recibir tantos comentarios de ánimo de conocidos, y también muchos de gente nueva, nuevos amigos a los que no conocía hasta entonces, que me decían que se sentían identificados con la historia.

Y es que yo creo en las enseñanzas de gente que sabe mucho, como Laura Baena o Nuria Pérez, que te dicen que tienes que ser tú misma y hablar desde tu interior. Así que yo lo hice. La historia comenzaba así….

Imagina que llegas a nueva ciudad, puede que a un nuevo país. Te has ido porque a tu marido le han ofrecido un puesto de trabajo, y tú, junto con tus hijos, te lías la manta a la cabeza y decides que es una gran oportunidad.

Este cambio ha llegado en un momento relativamente bueno para ti, vas a cumplir 40 y estás en plena crisis vital: hay cosas que quieres cambiar pero no te atreves a tomar ciertas decisiones. Eres afortunada. Ese paso con el que habías soñado muchas veces, mandar a paseo eso que no te llena, pero que, por lo que muchos llaman miedo, y otros responsabilidad, nunca habías dado.  En esta situación sueñas que tu mundo quizá pueda cambiar y sea este “tu momento”.

Y no es una invención. Es mi vida. La nueva ciudad es Nápoles. El nuevo país, Italia, evidentemente. El trabajo, de mi marido. Y todos, la familia al completo, nos vamos este verano. Es el inicio de una nueva aventura. 

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9 SITIOS CHULOS PARA DESAYUNOS DE TRABAJO EN MADRID

Me encanta desayunar fuera de casa. Los momentos de hotel son lo más maravilloso. Pero realmente no voy tanto a hoteles.

Mi vida actual me exige que, en la medida de lo posible, las reuniones sean por las mañanas.  A veces son de café rapidito y ya, pero otras aprovecho y me doy una vuelta por la ciudad para no olvidar que vivo en una capital, que tengo mucho a mi alcance y que no sólo existen mi barrio y sus aledaños.

Lo que más me gusta es decir que tengo una reunión. jajajajaja. Sinceramente, el café 2.0 me encanta, pero cuando además ese café puedo disfrutarlo de unas risas y algo físico, se convierte en perfecto. Así que intento buscar un ambiente adecuado, tranquilo pero bonito. Un sitio en el que los que nos reunimos estemos a gusto y se despierten las ideas.

Y estos son mis 9 sitios favoritos en Madrid para desayunos de trabajo:

  • Starbucks: sí, es un clásico, pero nunca falla. Para mí, además, son unos locales que me trasladan al extranjero, porque vayas donde vayas, en cualquier capital del mundo puedes encontrarte uno. De hecho, creo que he visitado más Starbucks durante mis viajes (sobre todo a China, donde encontrar un café normal no es tan fácil en ciertas zonas) que en España. Todo tipo de bebidas (mi favorito es el Frapuccino con caramelo), algún bollo o sandwich y llegar pronto para compartir silloncitos…me fascina.coffee-1281880_1920.jpg
  • Panaria: con wifi para tu ordenador, mesas amplias en las que podemos sentarnos varios. Un pan con tomate y aceite de chuparse los dedos, y en muchos puntos del país.
  • Vips: otro clásico. Depende mucho de a cuál vayas, porque ni todos son tranquilos ni todos igual de grandes. Pero en general, son lugares donde se suele disfrutar de un rato de tranquilidad y un buen desayuno.
  • The Knife: es un restaurante, sí, y de hecho, un buen restaurante de carne argentina. Pero a mí me gusta ir a desayunar. Unas tostadas con tomate es buena opción, pero puedes elegir entre los muchos dulces que tienen o, si eres como yo y prefieres salado, te aconsejo las empanadillas de carne que tienen. Manjar.
  • Teresa Pon la Mesa: su pan de cristal es ñam. Pero a mí, lo que realmente me gusta, es su brunch. De chuparse los dedos. Y tiene una gran selección de tés, si eres un rarito al que no le gusta el café. (con cariño lo digo)
  • La Central: me encanta ir al centro de Madrid un día entre semana y por la mañana. Es la manera de no olvidar que vivo en una capital. Porque por mucho que digan que Madrid es enorme y un agobio, la realidad del día a día te hace moverte de casa al cole y vuelta. Su cortado es de los mejores que he probado. Y su menú del día tiene un toque distinto, está buenísimo y además genial de precio.
  • Campus Madrid: si quieres sentirte hipster, este es el sitio. Yo me sentí más garrula que hipster la primera vez que fui: tienes que hacerte una tarjeta para entrar. Eso sí, mola mucho la tarjeta, el espacio abierto está genial para una reunión (un bis a bis) y tiene unos zumos estupendos. Además, si te pasas por allí puedes estar al día de todos los eventos que hacen, muchos de ellos de lo más interesantes, como este al que he ido últimamente.canpus madrid.PNG
  • Federal café : todavía no he ido, pero me han “soplado” que tiene unos desayunos espectaculares y un espacio de lo más chic. Es un pendiente en mi lista. Tenía la cita ya cerrada, pero la vida 1.0 y una infección de garganta me hicieron cambiarla y dejarla para más adelante.
  • Frida: Me encantan sus mesas amplias, aunque todavía me cuesta lo de compartir espacio, lo reconozco. Tiene unos postres estupendos, y encima te ofrecen cepillo de dientes en la carta.

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Y a ti, ¿dónde te gusta reunirte y desayunar? Me encantaría conocer sitios nuevos, sobre todo en otras ciudades. Podríamos, entre todos, hacer una lista y ponerlo más fácil al resto….#colaborandoqueesgerundio

 

HOLA, SOY LA NUEVA. (haciendo mi elevator pitch)

Hola. Soy la nueva. No es la primera vez.  He sido la nueva muchas veces.  La primera creo que fue la peor. Todos me miraban, y no me prestaban sus cosas. Yo sólo quería verla a ella, preguntarle cómo actuar. Esa cara que me aportaba confianza. Pero no estaba. Y allí seguía yo. Sola. La nueva.

Más adelante, cuando ya habíamos conectado, llegó otra. En ese momento la nueva era ella. Y me sentí algo aliviada. Ya me habían sustituido y yo ya tenía todo organizado: a este para esto, aquí para esto otro…Todo era familiar.

Pero pasaron los años, y de nuevo estaba ahí, con el cartel puesto. El cartel imaginario que decía “Soy la nueva otra vez”. La que no conocía a nadie y ni siquiera sabía dónde estaba la cafetería. Tampoco tenía a quien preguntar. No pasa nada, la sensación de pánico ya es una vieja amiga y sé que pasará. Con el tiempo llegará alguien y me sustituirá.

Y antes de que pueda reponerme, soy la nueva otra vez. Aquí el cambio de escenario ya es brutal, y se junta todo lo anterior. No conozco a nadie, ni siquiera hablan mi idioma. Echo de menos a mi madre, esa cara conocida. A mis compañeros del colegio, esos que no me prestaban sus cosas al principio. A la nueva que llegó en 8º y yo ayudé a integrarse. A mis compañeros de facultad en la nueva ciudad….Aquí ni siquiera podía preguntar dónde se compraba el pan o cómo llegar a mi nuevo trabajo, donde, por supuesto, yo era la nueva.

Esto es el principio de la historia que yo había creado para hacer mi presentación en el taller sobre comunicación y presentación de proyectos al que fui hace unos días al Campus Google. Un taller de más de 2 horas, estupendo, dirigido a mujeres e impartido por Carlos Salas, un enorme descubrimiento. Continue reading “HOLA, SOY LA NUEVA. (haciendo mi elevator pitch)”

LA SILLA DE MI HABITACIÓN

Tengo una silla en mi habitación. Una de esas que, en teoría, están para sentarte y que te resulte más cómodo ponerte las botas o los calcetines. Es una silla muy mona, que compré un día pensando que me gustaba y ya le encontraría sitio. Y terminó ahí, en mi cuarto.

La idea original era la que os contaba, servir de descalzadora. Luego pasamos por una etapa en la que mi marido se levantaba mucho antes que el resto, así que dejaba la ropa del día siguiente para no despertarme al encender la luz.

Pero lo cierto es que al final me la he quedado yo. Y por más que lo intento, no consigo que esté vacía. Siempre hay algo encima: una chaqueta que me quité a toda prisa, un bolso que utilicé un par de días antes, o esa falda que al final no me puse (otra vez). Son cosas que voy soltando, dejando un poco abandonadas. Cosas que tengo pero no me convencen en ese momento. Hasta que llega el día en que decido que no puede ser, que tengo que ser más ordenada y no puedo dejar que la montaña de la silla siga creciendo. Y me pongo delante, hago montoncitos y digo “esto al armario, esto al perchero, este bolso a su caja“. Y todo vuelve a estar ordenado. A veces. Porque otras veces sólo lo decido, y no hago más que devolver todo en montones ordenados a la silla. Procrastinando que es gerundio.

De vez en cuando, a mi marido le entra la neura ordenada, y es él quien lo pone todo en lo que él considera que es su lugar. Bien por él, mal por mí. Bien porque lo hace, pero mal porque no lo hace como debe ser. O como a mí me gustará que estuviese….pero claro, las cosas no se hacen solas.

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Pero, y esto es lo importante, en medio de todo esto me da por pensar….Pienso que desde hace unos meses lo que hago con la silla lo hago a veces, con bastante frecuencia, con mis ideas. Estoy haciendo cualquier cosa: cocinando, leyendo, viendo algo en la tele o a punto de dormirme. Y pienso en algo que me parece la bomba, decido que es una gran idea. Pero en ese momento no puedo seguir en ello, esto de las cajas de compartimentos mentales es lo que tiene, multitask pero no al 100%….así que la aparco, la dejo en la silla.

Y se me olvida….hasta el día en que decido ordenar la silla, mi cabeza. Me siento delante del ordenador, busco lecturas, nuevas ideas, posibilidades….nada. Para una vez en mi vida que no quiero nothing box y ahí está…Hasta que, de pronto, un día porque sí, empiezo a tirar de ese hilo mental extraño y aparecen todas, una detrás de otra. Tan recuperadas, tan bonitas unas y absurdas otras (como esa falda que te empeñas en querer ponerte y cuando te la ves dices “¿pero en qué momento…..?”).

Así que he decidido dar un paso y comprarme un cuaderno. Lo voy a utilizar como silla, pero de mi cabeza. Voy a apuntar mis ideas, mis descartes, mis sueños. Y de vez en cuando, haré limpieza, o al menos revisión. A ver qué pasa….

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Y vosotros, ¿cómo organizáis vuestras ideas? ¿Tenéis una silla en vuestro cuarto? ¿Alguien os ayuda a vaciarla de vez en cuando?