TIERRA A LA VISTA: MARTA FREIRE

La vida da muchas vueltas. Tantas que puedes terminar mareado si no sabes hacia donde girarte para orientarte de nuevo. Pero esas vueltas a veces son torbellinos en los que entras en un punto y sales en otro, y la única manera de sobrevivir dentro de la corriente es dejarte llevar. Esperar y ver qué te encuentras al salir a la superficie. Y mientras tanto, nadar. No contracorriente, si no a su favor. 

Mi torbellino comienza en 2016, al trasladarnos a Italia. Me tiro de cabeza al mar, sin pensar, sólo con muchas ganas de aventura y tiempo para pensar. Para abandonarme al placer de dejarme llevar. Es un torbellino que llega en un buen momento, y yo me dejo llevar por él, satisfecha, pensando lo lejana que está la costa todavía. 

En un primer momento  resulta emocionante, sobre todo porque la marea me va llevando a lugares, personales y geográficos, nuevos para mí. Emocionantes, maravillosos, desesperantes a veces…. pero siempre diferentes a los anteriores. Es una sensación de mareo que se vive con gusto.  Me dedico a aprender y poner en práctica diferentes maneras de disfrutar el momento, distintas formas de nadar: estudiar un nuevo idioma y practicar el anterior, organizar algún que otro evento, disfrutar del dolce far niente, solucionar pequeñas cosas que el estar en el extranjero convierte en toda una aventura, disfrutar de la familia, conocer gente y sitios nuevos…

Pero siempre con la vista puesta en el objetivo final: el de volver a pisar tierra firme y llegar con los brazos cargados de tesoros. Porque ese es el verdadero objetivo que tenía en mente a la hora de lanzarme sin salvavidas: el botín del final, los tesoros que llevaría conmigo al salir de nuevo a la superficie y que me harían pisar tierra con mucho más agarre que antes de saltar.

Pasados los meses, ya ni siquiera tengo la impresión de marearme, simplemente me dejo arrastrar por la corriente y ya casi creo haber olvidado el punto de partida y el objetivo final.  Es extraño cómo cambia nuestra percepción de las cosas, ¿ no te parece? De pronto, ya no me parecía suficiente dejarme llevar, necesitaba intervenir. Pero luchar contracorriente no es fácil. Y  a veces pierdes la energía y necesitas un poco de ayuda. Un flotador, una balsa, algo que te ayude a alcanzar la costa y a descubrir el verdadero valor de las cosas, definir cuáles son esos tesoros de entre todo lo que te vas encontrando.  Pues eso ha sido para mí conocer a Marta. 

Llegó a mi vida como casi todo lo bueno, por casualidad. Y nos contamos la vida, la de cada una, durante un café que se convirtió en una costumbre. A mí me ha ayudado al convertirse en un flotador que me hace la última parte del trayecto más fácil y que me empuja a nadar con más fuerza, para que no olvide que el flotador, por sí solo, no sirve, que el motor soy yo.

Si os hace falta un flotador, alguien que os acompañe, ayude y guíe durante vuestra travesía, aquí está ella. ¿ Os unís a  nuestro café de hoy?

Un flotador, una balsa, algo que te ayude a alcanzar la costa y a descubrir el verdadero valor de las cosas, definir cuáles son esos tesoros de entre todo lo que te vas encontrando

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ZONA GEOGRÁFICA: global.

SECTOR: coaching.

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PROYECTO: MARTA FREIRE

Soy Marta.  Psicóloga, formadora, coach y Madre de familia numerosa. Este último título lo expedí hace ya más de 16 años. Me apasionan las relaciones humanas y la comunicación. Me encanta descubrir las historias de las personas que voy conociendo y dejarme sorprender cada día por algo nuevo que no conozco. Creo que en esta predisposición se encuentra el crecimiento personal.

Soy, también, una cantante frustrada y bailo y canto todo lo que puedo y me dejan. Seguir leyendo “TIERRA A LA VISTA: MARTA FREIRE”